Organización Internacional del Bambú y el Ratán

Organización Internacional del Bambú y el Ratán

Amor por el “Oro verde”, llamado Bambú

6 may 2022

En Colombia, Ecuador y Perú, hombres, mujeres y jóvenes están desarrollando actividades en las cuales involucran al bambú para mitigar las consecuencias del cambio climático y dinamizar economías locales.

La Amazonía de Colombia, Ecuador y Perú, acoge desde 2020 al proyecto «Innovación y promoción del bambú a través de procesos de investigación en acción para una agricultura resiliente–BAMBUZONÍA”, que cuenta hasta la fecha con 3464 beneficiarios.

Esta iniciativa es ejecutada por INBAR con el apoyo financiero del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola. El objetivo del proyecto en estos tres países, es utilizar el potencial del bambú, como un recurso que permita restaurar las tierras degradadas, mitigar el cambio climático y generar alternativas económicas a los productores rurales.

Las zonas de intervención de Bambuzonía en Colombia, están enfocadas en los departamentos del Meta y Caquetá. En Ecuador, en las provincias de Napo, Pastaza y Morona Santiago; mientras que en Perú los departamentos de Junín, Pasco y San Martín.

A pesar de la crisis sanitaria por la COVID-19, se ha generado varias actividades como el desarrollo de los cursos formador de formadores, donde técnicos, líderes se capacitan sobre diversos temas de bambú para luego replicarlos con integrantes de su comunidad a través de las Escuelas de Campo.

Dentro de Bambuzonía, también se desarrollan actividades que permitan fortalecer y dinamizar economías locales, desde la elaboración de artesanías con bambú y el apoyo activo a pequeños emprendimientos. De igual manera, se generan eventos de interés para la comunidad desde foros, talleres, capacitaciones hasta giras de campo en zonas donde existe plantaciones de bambú. A continuación, te presentamos algunas historias de nuestros beneficiarios.

Reinventarse a través de la guadua

Gladys lozano, tiene su emprendimiento de bambú “Constru-Artes e inversiones Ashly”

En la vereda Nazareth, ubicada en el municipio de Florencia en Caquetá, Colombia, hay una vivienda que resalta de otras de la zona. En este inmueble, no solo habita una familia caquetense, sino se plasman varios sueños y anhelos de un grupo de mujeres, víctimas y sobrevivientes del conflicto armando.

Gladys Lozano Flores, es quien lidera este equipo, sabe que en este espacio no solo comparte gratos momentos con su familia y amigas, sino desarrolla su emprendimiento llamado “Constru-Artes e inversiones Ashlyn”, negocio dedicado a transformar al bambú en hermosas artesanías.

“El emprendimiento lleva el nombre de mi hija y va un año. Aquí realizamos lámparas, canastas, agendas, joyeritos, porta lapiceros. Además, mi esposo se encarga de fabricar muebles, mesas con este recurso”, agrega.

Artesanías elaboradas con la hoja caulinar del bambú

Gladys cuenta que su llegada al proyecto Bambuzonía no fue una coincidencia de la vida sino una razón de ser, la cual describe como una vía para llevar esperanza y alegría a otras familias.

“Bambuzonía es excelente, nos ha enseñado los beneficios de la guadua y ha aportado de manera positiva a nuestras vidas, nos ha permitido crear nuestra empresa y generar empleo para otras personas”, puntualiza.

Durante todo el proceso, este grupo de mujeres, ha comprendido que impulsar la guadua en su territorio, significa una oportunidad de reinventarse y abrir sus horizontes. “Es muy importante este recurso en Colombia, por su versatilidad y la manera en que ayuda a combatir las consecuencias del cambio climático”, añade Gladys.

Exponer sus artesanías en distintas ferias de su ciudad, a Gladys y los suyos, los llena de satisfacción y orgullo, porque saben que, en cada uno de sus productos, hay historia y anhelos de superación, así como la convicción de tiempos mejores y con ello mejores personas.

“Ha sido un reto grande, pero ha sido satisfactorio porque hemos logrado la transformación de un material en artesanías. A pesar de las adversidades, hemos sacado nuestro emprendimiento adelante”. “El participar en estos espacios ha sido gratificante, porque los pobladores pueden conocer este recurso de cerca y nos felicitan por estar elaborando este tipo de productos”, puntualiza.

Aunque el camino no ha sido fácil, Gladys ha comprendido que, aunque existan sueños con panoramas imposibles e improbables, solo el compromiso y amor por lo que se hace, provocan que los resultados sean inevitables. Además, confía en el recurso porque sabe que más allá de los beneficios que aporta al medio ambiente es una alternativa para poder reinventarse.

“La Guadua, es el acero del futuro porque nos brinda oportunidades, nos motiva a cuidarla mucho más por sus bondades”. “Con mi emprendimiento quiero seguir generando empleo poder exportar nuestras artesanías y que sea reconocida en varios lugares del mundo”, enfatiza Gladys, quien no solo se ha convertido en la voz de sus compañeras, sino en una referente de su localidad, a quienes sus vecinos llaman con cariño “la artesana de la guadua”.

Una generación que apuesta por el “oro verde”

Nidia Chavarro Trujillo, beneficiaria del proyecto Bambuzonía

En la puerta de la Amazonía colombiana, se encuentra la vereda Santander, perteneciente al departamento de Caquetá. En este punto del país, una madre y sus dos hijas, luchan para que su amor por la agricultura y sus raíces permanezcan vigentes con el pasar de los años. Sus vecinos ya las identifican, pues el cariño y entrega por cuidar a la guadua, resalta en cada una de sus acciones en la comunidad.

“Me dedico a la agricultura y al cuidado del medio ambiente, porque crecí en el campo, cuando me enteré del proyecto me inscribí sin pensarlo dos veces”, agrega Nidia Chavarro Trujillo, beneficiaria del proyecto Bambuzonía.

Para Doña Nidia como la conocen los habitantes de la zona, el proceso de aprendizaje pese a la pandemia de la COVID-19, no solo dio un giro a las vidas de millones de personas en el mundo, sino a la suya.

“Cuando me empiezo enterar sobre los usos que tiene la guadua, yo dije entre mí, este es el “oro verde”, inmediatamente la opinión que tenía del recurso dio un giro de 360 grados”, indica.

El mismo cambio también involucró a sus hijas Dilan y Anyela, quienes ahora comparten lo aprendido mediante su canal de YouTube. “El proyecto ha sido una fase importante porque no solo yo aprendí, sino mis hijas también. Cuando iban a las clases era lindo ver como sus rostros se iluminaban al conocer nuevas cosas del bambú. La mentalidad de mis hijas fue cambiando, antes miraban, así como si nada a la guadua, ahora ellas saben cómo limpiar un rodal e identificar una hoja caulinar para artesanías”.

Dilan y Anyela tienen su canal de YouTube donde generan contenido sobre bambú

Para Nidia y sus hijas, impulsar la guadua no solo ayuda a mitigar las consecuencias del cambio climático, sino se convierte en una alternativa económica, sin perjudicar al medio ambiente. “Hay que seguir trabajando con la guadua, necesitamos recuperar suelos y espacios. El bambú es una oportunidad también para nuestro bienestar”, destaca.

Para esta madre de familia y sus dos hijas, la guadua la resumen en una sola palabra “recuperación”, porque no solo transforma al medio ambiente, sino ayuda a mejorar las condiciones de vida de miles de familias.Además, tienen la certeza que la acción por más pequeña que sea, pone en marcha una buena consecuencia, como lo vivido hasta el momento, que más allá de ser un legado para la naturaleza, guarda enseñanzas invaluables que permanecerán vigentes con el pasar de los años.

De la selva su arte

Carmelina Vargas en el taller de Artesanías con bambú

 Carmelina Vargas, de 32 años, es una mujer indígena de la Amazonía ecuatoriana.  Reside en la comunidad Bosque Protector Arutam, ubicada en la provincia de Morona Santiago.

Carmelina cuenta que su vinculación al proyecto bambuzonía hizo de su trabajo con bambú una verdadera obra de arte. Explica que, tras su proceso de capacitación, ahora es experta en fabricar hermosas artesanías con este recurso natural. “El bambú es una maravilla, como artesanos podemos usarlo en la elaboración de platos y en varios productos”, agrega.

Relata que desde hace algunos meses atrás que recibió el curso de artesanías, este proceso ayudó a perfeccionar su técnica y ahora le permite elaborar una variedad de productos. “La experiencia grande que he tenido es mejorar el recurso y ver que hay muchas personas en otros lugares que están haciendo el uso, los talleres han sido excelentes”, añade.

Carmelina indica que cuidar este recurso natural, no solo aporta al medio ambiente sino es una alternativa para desarrollar el turismo sostenible en su zona. “Sembrar más plantones de bambú nos permitirá emprender y mejorar nuestra calidad de vida, proteger nuestros recursos. Queremos seguir siendo el “pulmón verde del mundo”.

Sabe que vivir responsablemente y tomar medidas ecológicas, solidarias y respetuosas con el entorno, tanto natural como social, generarán grandes repercusiones positivas que prolongarán aún más nuestra permanencia en el mundo.

Carmelina junto a Ricardo Hallo, encargado del taller de artesanías de bambú

“Si cuidamos todos los recursos y a los seres vivos que habitan la naturaleza, viviríamos más años, más sanos”.

Para Carmelina, el bambú en su zona tiene un gran potencial, pues está segura que en los próximos años este recurso natural será admirado aún más por propios y extraños.

“Queremos que este sueño se haga realidad, infraestructuras con menos contaminación que otros materiales, nos ayudaría a la humanidad a generar aún más conciencia”, enfatiza, esta mujer amazónica, quien sabe que la defensa de su territorio, no tiene otra finalidad que no sea la protección de la vida.

Artesanos que mantienen vivo el “hecho a mano”

Hans Felipe Pérez elabora artesanías con bambú

En el corazón de la Amazonía peruana, se encuentra la comunidad nativa Pampa Michi, ubicada en el departamento de Junín. En el lugar habita el pueblo Ashaninka, dedicado a impulsar el turismo en su zona.

Entre artesanías como collares, bolsos, coronas, arcos, flechas y un sin fin de herramientas se desenvuelve la vida de varios artesanos, quienes desde hace dos años han decidido por incorporar al bambú en sus talleres.

Hablar con Hans Felipe Pérez, participante del proyecto Bambuzonía, es volver la vista al pasado para enamorarse de la historia, del arte y las artesanías de una comunidad que con el pasar de los años buscan una constante transformación.

Hans, ha participado en procesos de formación del proyecto y actualmente en un pequeño taller convierte al bambú en hermosas artesanías, que captan y enamoran a los turistas que llegan a su comunidad.

“Es importante impulsar el bambú porque estamos en un lugar turístico. Iniciamos desde la plantación del recurso, ahora estamos emprendiendo con el material en artesanías”, agrega.

También coincide con Carmelina, que el bambú les ha cambiado la visión y los transporta a otro ambiente, en el cual saben que para ser felices lo mas importante es estar a gusto consigo mismos.

“Cuidar el medio ambiente es clave, este proyecto nos da experiencia porque estamos luchando contra la contaminación, antes no conocíamos al bambú ahora estamos haciendo todo con este recurso natural”.

Productos elaborados por Hans tras sus talleres en artesanías con bambú

Cuando Hans recuerda sus inicios en el proyecto, ve con asombro todo lo recorrido, pues los resultados resaltan a simple vista. Ahora su comunidad está adornada con un tinte verde que engalana aún más la zona y para este grupo de pobladores, el bambú ha reafirmado aún más que ser artesanos es dejar que el alma salga a la luz transformada en una obra, que no solo es amigable con el medio ambiente, sino una oportunidad para una verdadera evolución.